Wish You Were Here: la ausencia como música
Escrito por Aldo Rodríguez el 29 de diciembre de 2025
Antes de que termine el año, hay discos que piden ser escuchados de nuevo, no por nostalgia, sino por necesidad humana. Wish You Were Here cumple cincuenta años y sigue siendo un espejo incómodo y luminoso a la vez: un álbum sobre la ausencia, sobre la amistad herida, sobre la memoria que duele cuando se vuelve conciencia.
Mi primer encuentro con este disco fue extraño, casi apócrifo. No fue Pink Floyd quien me lo reveló, sino una agrupación llamada Rosebud. Ahí escuché Have a Cigar, pero en una versión irreconocible: un arreglo pop, muy setentero, con un beat alto, pulido, casi festivo, absolutamente ajeno a la aspereza cínica del original. Nada que ver con el sarcasmo ácido con el que Pink Floyd desnuda la maquinaria de la industria musical. Años después, ya al final de la secundaria, el disco llegó completo a mis manos —como deben llegar los discos importantes— y se convirtió en uno de mis favoritos. Todavía conservo el vinil. También tengo la versión digital. Pero hay algo en ese objeto girando lentamente que ninguna plataforma puede sustituir.
Wish You Were Here es un disco íntimo disfrazado de obra monumental. Llega después de The Dark Side of the Moon, ese parteaguas que los colocó en la cima absoluta, y abre una etapa más sombría, más introspectiva, más amarga. Después vendrían Animals, The Wall y finalmente The Final Cut. Estamos hablando ya de la recta final de Pink Floyd como organismo vivo en su formación clásica. Aquí el brillo no es triunfo: es melancolía.
La historia que rodea al disco es tan perturbadora como la música misma. El 5 de junio de 1975, mientras el grupo trabajaba en Abbey Road, apareció en el estudio una figura irreconocible: sobrepeso, cabeza rapada, mirada perdida. Parecía un indigente, un técnico extraviado, alguien fuera de lugar. Tardaron en darse cuenta de que era Syd Barrett, fundador de Pink Floyd, genio precoz, amigo perdido. Su mente ya habitaba otro territorio. Esquizofrenia, drogas, una personalidad frágil frente a la fama: todo confluyó para expulsarlo del mundo que él mismo había ayudado a crear. Estaba ahí… y no estaba. Exactamente de eso trata este disco.
Shine On You Crazy Diamond es más que una suite: es una elegía sin palabras explícitas, un abrazo musical extendido en el tiempo. Durante años abrió los conciertos de Pink Floyd, como una invocación, como un ritual de memoria. Cada nota parece decir lo que no puede decirse con lenguaje: “te vemos”, “te recordamos”, “sigues aquí de alguna forma”.
La canción que da título al álbum es una de las baladas más desgarradoras del rock. No por grandilocuente, sino por su desnudez. Basta una pregunta para abrir la herida: “So, so you think you can tell…?” Y más adelante, casi como un susurro resignado: “How I wish, how I wish you were here.” No es solo la ausencia física del amigo; es la presencia vacía, el cuerpo sin la mente, el nombre sin la persona. El amigo está ahí, pero ya no está.
Recuerdo con claridad el día en que murió Syd Barrett, en 2006. Yo estaba en Toronto, Canadá, en una estancia de estudio en el Inter Media Access Center. La noticia me atravesó con una tristeza extraña, como si hubiera muerto alguien cercano sin haberlo conocido nunca. Tal vez porque Wish You Were Here nos enseñó eso: que se puede extrañar profundamente a alguien a través de la música.
Desde la portada, el disco es revolucionario: dos hombres dándose la mano, uno de ellos en llamas. El saludo cordial convertido en peligro. La industria, el éxito, el contrato, el fuego invisible. Todo está ahí, sin explicaciones.
Wish You Were Here no es solo un disco de colección. Es un acto de conciencia. Como ser humano, hay que escucharlo al menos una vez en la vida. Pink Floyd se cuece aparte, y este álbum es una de sus cumbres más humanas. No busca complacer: busca decir la verdad, aunque duela.
Cincuenta años después, sigue preguntándonos lo mismo, con la misma calma devastadora: ¿estamos realmente aquí?, ¿o solo ocupamos un lugar mientras nuestra mente habita otro mundo?