La risa prohibida y el fuego del conocimiento A 40 años de El nombre de la rosa
Escrito por Aldo Rodríguez el 9 de febrero de 2026
Cuarenta años después de su estreno, El nombre de la rosa no ha envejecido: se ha sedimentado. Como los muros húmedos de su abadía, la película se ha cubierto de tiempo, de interpretaciones, de capas simbólicas que hoy la vuelven más poderosa que en 1986. No es sólo cine histórico. Es una meditación visual sobre el conocimiento, el poder y el miedo a la risa.
Basada en la compleja novela de El nombre de la rosa de Umberto Eco, la adaptación dirigida por Jean-Jacques Annaud logró algo que parecía imposible: convertir un texto densamente filosófico, lleno de latín, teología medieval, semiótica y disputas escolásticas, en una obra cinematográfica de tensión narrativa, atmósfera hipnótica y alcance universal.
Y eso, en sí mismo, ya es un milagro artístico.
Una historia de detectives… en la Edad Media
La premisa es sencilla sólo en apariencia: en una abadía benedictina del siglo XIV comienzan a ocurrir muertes misteriosas. El fraile franciscano Guillermo de Baskerville, interpretado magistralmente por Sean Connery, investiga los hechos junto a su joven discípulo Adso.
Pero no estamos ante un simple thriller medieval. La biblioteca-laberinto es el verdadero protagonista. Allí no sólo se guardan libros: se custodia el poder. El poder de decidir qué puede leerse, qué puede pensarse… y qué debe desaparecer.
La investigación policial es la superficie. Debajo, arde la pregunta central:
¿Puede la risa ser peligrosa?
La risa como herejía
El conflicto filosófico gira en torno a un libro perdido de Aristóteles sobre la comedia. Para algunos monjes, permitir la risa es abrir la puerta a la duda. Y la duda erosiona la autoridad.
Esta idea —aparentemente lejana— es brutalmente contemporánea. La película nos recuerda que todo sistema que teme al pensamiento crítico termina construyendo bibliotecas que son cárceles, no faros.
Eco lo planteó desde la semiótica. Annaud lo tradujo en imágenes: penumbras, vapores, pieles curtidas, barro, madera húmeda, rostros agrietados por la fe y el miedo. La Edad Media de esta película no es de postal; es casi olfativa. Huele a pergamino, a cera, a encierro.
El milagro Connery
Nadie apostaba demasiado por un actor asociado a James Bond encarnando a un monje franciscano intelectual. Sin embargo, Connery no interpreta a Guillermo: lo habita.
Su Guillermo es razón luminosa en un mundo dominado por la superstición. No es un héroe épico, sino un hombre que confía en la lógica, en la observación, en el método. Casi un proto-científico atrapado en un siglo que aún no está listo para él.
Ese contraste es lo que electriza la película.
¿Por qué esta película sigue siendo esencial?
Porque es cine atmosférico en estado puro
Cada encuadre es pintura flamenca en movimiento.
Porque trata sobre la censura del conocimiento
Tema más vigente que nunca.
Porque une arte e inteligencia
No subestima al espectador.
Porque convirtió una novela “infilmable” en cine mayor
Y eso es una hazaña histórica.
Porque demuestra que el thriller puede ser filosófico
Suspenso y pensamiento no se excluyen.
¿Y la novela?
La película es un umbral. La novela es el laberinto completo.
El libro de Eco es más denso, más erudito, más lleno de bifurcaciones. Pero es también una experiencia intelectual única: leerlo es caminar entre signos, símbolos, pistas falsas, reflexiones sobre la interpretación del mundo.
No es lectura ligera. Pero sí una puerta magnífica al universo de Eco, donde todo es texto y todo debe descifrarse.
Cuarenta años después…
Lo que El nombre de la rosa nos susurra hoy es inquietante:
el verdadero peligro no está en el libro prohibido, sino en quien decide prohibirlo.
La abadía es el mundo.
La biblioteca es la memoria humana.
El incendio final no es sólo fuego: es la metáfora eterna de lo que se pierde cuando el miedo vence al conocimiento.
Por eso esta película debe verse.
Por eso esta novela debe leerse.
Porque ambas nos recuerdan que la búsqueda de la verdad siempre camina al borde de la hoguera.
Y aun así, seguimos buscando.