ARCANA ELÉCTRICA

11 de octubre de 2026 · Aldo de cultura

Cuarenta años escuchando el futuro

En 1986 yo tenía veinte años. Había escrito música y, de pronto, ocurrió algo que para un joven compositor puede parecer pequeño, pero no lo es: un pianista decidió tocar una obra mía.

Alguien confió en aquellas notas.

Han pasado cuarenta años.

Cuarenta años de escribir, borrar, escuchar, equivocarme, volver a comenzar; de trabajar con instrumentos acústicos, orquestas, voces, computadoras, electrónica, MIDI, síntesis, procesamiento digital y, ahora, inteligencia artificial. He visto transformarse la tecnología musical frente a mis ojos. Algunas herramientas que en los años ochenta parecían casi ciencia ficción caben hoy en una computadora portátil. Otras ni siquiera existían todavía.

Por eso *Arcana Eléctrica, el concierto que presentaré el próximo *16 de octubre a las 6 de la tarde en el Teatro Pablo de Villavicencio, dentro del Festival Cultural Sinaloa 2026, tiene para mí un significado particular. No es solamente un concierto. De alguna manera, es una fotografía sonora de ese recorrido.

Y también una celebración.

NeuroSonics: escuchar con todo el cuerpo

El programa comienza con el estreno absoluto de NeuroSonics — Arquitecturas del sonido y la mente, para piano y electrónica en tiempo real.

Es una obra cuya génesis se remonta varios años atrás. Permaneció esperando mientras otros proyectos reclamaban mi atención —los compositores sabemos que ciertas obras tienen su propio calendario y se niegan a nacer antes de tiempo— hasta que finalmente encontró su forma.

NeuroSonics parte de una pregunta que me interesa desde hace mucho: ¿qué ocurre realmente cuando escuchamos?

Porque escuchar no es únicamente recibir sonidos.

Escucha el oído, por supuesto, pero escucha también el cerebro. Escucha la memoria. Escucha el cuerpo. Incluso los ojos participan cuando aquello que vemos modifica nuestra percepción de aquello que oímos.

La obra propone entonces un pequeño laboratorio de percepción.

El punto de partida es quizá el instrumento más reconocible de nuestra tradición musical: el piano. Pero ese piano dialoga con su extensión electrónica, con un controlador MIDI, con procesamiento digital y con un espacio sonoro que se transforma continuamente.

Las frecuencias, los registros y los materiales armónicos no fueron elegidos al azar. Todo el recorrido está construido sobre escalas modales, seleccionadas deliberadamente por su color, por su comportamiento acústico y por la manera en que modifican nuestra percepción del espacio y de la tensión musical.

No me interesa demostrar una teoría.

Me interesa algo más elemental: que el público la experimente.

Que durante unos minutos uno deje de preguntarse qué está escuchando y simplemente se abandone al sonido.

Invocaciones: la voz que atraviesa el tiempo

La segunda parte de este recorrido recupera tres fragmentos de Invocaciones, una obra que en los últimos años ha viajado conmigo mucho más de lo que imaginé cuando comencé a escribirla.

Ha sido presentada en distintos países, discutida en espacios especializados y abordada también desde la investigación académica y científica por su relación entre creación musical, electrónica e inteligencia artificial.

Pero, más allá de toda explicación tecnológica, Invocaciones nació de una idea profundamente humana: hacer dialogar voces separadas por siglos y civilizaciones.

En Arcana Eléctrica presentaré tres de ellas.

Una invocación relacionada con *Nezahualcóyotl, esa extraordinaria figura donde poesía, filosofía y conciencia de la fugacidad parecen tocarse; otra construida a partir de antiguos **textos mesopotámicos, provenientes de una civilización que hace miles de años ya interrogaba a sus dioses, a la muerte y al misterio; y finalmente *Habitabit in nobis, surgida del Evangelio de San Juan.

Tres mundos.

Tres tiempos.

Tres maneras de intentar responder una pregunta que seguimos formulándonos hoy: ¿qué hacemos aquí?

La soprano Perla Orrantia vuelve a dar voz a estas obras. Y quiero detenerme un momento en ella porque, cuando se trabaja con electrónica en tiempo real, inteligencia artificial y estructuras musicales complejas, el intérprete deja de ser simplemente alguien que reproduce una partitura.

Debe habitarla.

Debe reaccionar.

Debe escuchar lo que la propia tecnología responde.

Trabajar con Perla ha sido extraordinario. Su profesionalismo, musicalidad, disciplina y comprensión de este lenguaje han convertido esta colaboración en algo mucho más profundo que una relación entre compositor e intérprete. Hay momentos en que uno escribe una línea vocal y, después de escucharla en determinada voz, ya no puede imaginarla de otra manera.

Eso ha ocurrido conmigo.

El Alquimista y los arcanos

El concierto culminará con el estreno de tres transmutaciones electroacústicas de El Alquimista y los arcanos, obra para soprano, electrónica, instrumentos virtuales e inteligencia artificial en tiempo real.

La obra completa comprende siete movimientos. Para esta ocasión elegí tres arcanos: El Mago, El Papa y El Sol.

Pero debo aclarar algo.

No intenté hacer música descriptiva.

El Mago no tiene un “tema del mago”. El Papa no posee una melodía que pretenda explicarlo. El Sol tampoco busca ilustrar musicalmente una carta del tarot.

Eso sería demasiado sencillo.

Lo que me interesa es algo distinto: realizar una transmutación.

Tomar los símbolos, ideas y arquetipos asociados con cada arcano y permitir que atraviesen mi propio lenguaje musical.

El Mago aparece entonces como voluntad, acción y transformación de la materia.

El Papa como conocimiento, transmisión, tradición y sabiduría.

El Sol como energía primordial, claridad y vida; esa estrella casi inconcebible que, a ciento cincuenta millones de kilómetros, hace posible que estemos aquí hablando, escribiendo, escuchando música.

De ahí surge el sincretismo de la obra.

Tarot, poesía, acústica, tecnología, inteligencia artificial, electrónica, voz humana y memoria cultural se encuentran en un mismo espacio.

Y algo ocurre entre ellos.

Eso, precisamente, es lo que me interesa.

^De MIDI a la inteligencia artificial^

El Alquimista y los arcanos fue gestado desde el año pasado y concluido en 2026. Por eso siento que ocupa un lugar especial dentro de mi catálogo.

No me corresponde decidir si es una obra importante. El tiempo suele encargarse de esas cosas y, a veces, lo hace con bastante crueldad.

Pero sí puedo decir algo: es una obra madura.

Está escrita desde lo que soy ahora.

Y detrás de ella están inevitablemente esos cuarenta años de oficio.

Cuando comencé a componer, a mediados de los años ochenta, el MIDI era una tecnología prácticamente nueva. Las computadoras musicales eran costosas, limitadas y fascinantes. Trabajar con ciertos procesos electrónicos exigía equipos que hoy parecerían arqueología tecnológica.

Viví esa transformación.

Pasé del lápiz y el papel pautado a la computadora; de los sintetizadores al muestreo; del MIDI al procesamiento digital; de ahí a los sistemas interactivos y finalmente a una inteligencia artificial que ya no entiendo simplemente como una máquina que “genera” cosas.

Eso no me interesa demasiado.

Lo verdaderamente apasionante comienza cuando la inteligencia artificial escucha.

Cuando recuerda.

Cuando responde.

Cuando establece una relación musical con el intérprete.

Cuando deja de ser herramienta y empieza a comportarse como una suerte de interlocutor.

Ahí aparece para mí la idea de inteligencia artificial co-creativa.

En mi trabajo utilizo tecnologías especializadas desarrolladas para investigación musical y, paralelamente, he ido construyendo y adaptando mis propios agentes y sistemas para que comprendan mejor mi manera de pensar la música.

Eso cambia completamente la relación con la máquina.

Ya no se trata de preguntarle:

—¿Qué puedes hacer?

La pregunta comienza a ser:

—¿Qué podemos hacer juntos?

Y esa diferencia es enorme.

Cuarenta años después

Pienso nuevamente en aquel muchacho de veinte años de 1986.

No podía imaginar este mundo.

No podía imaginar una soprano dialogando con un sistema de inteligencia artificial. No podía imaginar computadoras escuchando estructuras musicales y reaccionando a ellas en tiempo real. Mucho menos podía imaginar que cuarenta años después seguiría teniendo exactamente la misma curiosidad.

Porque quizá eso sea lo único que no ha cambiado.

La curiosidad.

Todavía quiero saber qué hay detrás de un sonido.

Todavía me emociona encontrar una combinación tímbrica inesperada. Todavía puedo pasar horas modificando una frecuencia, una resonancia, una nota, un silencio.

Y todavía siento esa emoción extraña —mezcla de vértigo y felicidad— cuando una obra que sólo existía dentro de mi cabeza empieza finalmente a sonar.

Por eso Arcana Eléctrica no pretende ser una retrospectiva.

No quiero mirar hacia atrás con nostalgia.

Al contrario.

Quiero mirar hacia adelante.

*NeuroSonics, *Invocaciones y El Alquimista y los arcanos pertenecen a momentos distintos de una misma búsqueda: comprender hasta dónde puede extenderse hoy el territorio de la música sin que la música pierda aquello que la hace profundamente humana.

Porque podemos utilizar inteligencia artificial, electrónica en tiempo real, sensores, algoritmos o computadoras de enorme capacidad.

Pero al final ocurre lo mismo que ocurría hace miles de años alrededor del fuego.

Alguien produce un sonido.

Y alguien escucha.

Todo lo demás sucede entre esos dos acontecimientos.

Los invito a compartir conmigo este viaje el próximo *16 de octubre, a las 6:00 de la tarde, en el Teatro Pablo de Villavicencio, dentro del *Festival Cultural Sinaloa 2026.

Será una noche de estrenos, electrónica, piano, inteligencia artificial, poesía, arcanos y voz.

Pero para mí será también algo mucho más sencillo y mucho más íntimo:

celebrar que aquel viaje iniciado en 1986 continúa.

Cuarenta años después, sigo buscando sonidos.

Y todavía no sé qué voy a encontrar.

Tal vez por eso sigo componiendo.