El Alquimista y los Arcanos: cuando los símbolos se convierten en música
16 de octubre de 2026 · Aldo de cultura
Hay obras que nacen de una idea musical, de una sonoridad que nos persigue durante días o de una necesidad expresiva que termina convirtiéndose en partitura. Otras, en cambio, tienen un origen más remoto, casi secreto. Surgen de nuestras lecturas, de encuentros fortuitos y de antiguas fascinaciones que permanecen dormidas hasta que un buen día encuentran la manera de convertirse en música.
El Alquimista y los Arcanos pertenece a esta segunda familia.
Desde hace muchos años me fascina el tarot. Pero no el tarot convencional, asociado con la adivinación, la predicción del futuro o las respuestas inmediatas a nuestras incertidumbres. Mi interés es otro, mucho más cercano a la filosofía, misticismo, a la historia del arte y, particularmente, a la condición humana. Siempre he pensado que el tarot, más que un instrumento para conocer el porvenir, es una extraordinaria representación de nosotros mismos.
En esas pequeñas imágenes está la humanidad entera, con sus grandezas y miserias, sus contradicciones, sus miedos, sus esperanzas y sus interminables transformaciones.
El tarot tradicional está compuesto por 78 cartas: 22 arcanos mayores y 56 menores. La palabra arcano proviene del latín arcanus, que significa secreto, oculto, reservado. Con el paso de los siglos, los arcanos mayores adquirieron una riqueza simbólica extraordinaria. El Loco, el Mago, la Sacerdotisa, la Muerte, la Torre o el Sol pueden entenderse como representaciones de experiencias profundamente humanas. La Muerte, por ejemplo, no necesariamente anuncia un final físico; también puede significar transformación. El Loco representa la aventura de lo desconocido; el Mago, la voluntad creadora.
¿Acaso no transitamos por todos esos estados a lo largo de nuestra existencia?
Mi curiosidad me llevó a investigar la historia de estas imágenes. Descubrí el tarot de Marsella y después el Visconti-Sforza, uno de los conjuntos de cartas más antiguos que se conservan, perteneciente a la Italia renacentista del siglo XV. Pero faltaba un encuentro que terminaría siendo decisivo.
En 2011 fui invitado a participar en un encuentro dedicado al surrealismo y las artes en Xilitla, San Luis Potosí. Allí impartí una conferencia y tuve la fortuna de conocer a Teresa Arcq, historiadora del arte, investigadora y curadora de una cultura verdaderamente impresionante. Nació una amistad que he conservado durante estos años, siguiendo con admiración sus investigaciones y exposiciones en México y el extranjero.
Particularmente me interesó su trabajo alrededor de Leonora Carrington, una de las figuras más extraordinarias del surrealismo. Carrington había realizado su propia interpretación de los 22 arcanos mayores del tarot: pequeñas pinturas de una belleza insólita, impregnadas de alquimia, mitología y de ese universo fantástico que caracteriza su obra. Gracias a las investigaciones de Teresa Arcq y Susan L. Aberth, aquellas imágenes alcanzaron una renovada proyección pública.
Cuando las conocí, quedé profundamente conmovido. Había algo en ellas que me remitía al sonido, al gesto, a la transformación de la materia. Leonora Carrington había convertido antiguos símbolos en pintura. ¿Por qué no intentar convertirlos en música?
Así nació El Alquimista y los Arcanos, una composición inspirada en el tarot de Leonora Carrington y dedicada a Teresa Arcq, cuya labor intelectual hizo posible este encuentro artístico.
Desde el principio quise crear algo distinto a Invocaciones, aunque conservando un elemento que ha acompañado mi trabajo durante muchos años: la voz femenina. Desde obras como Formas de viajar (1995), Danzas apócrifas (2003)y Vox Feminae (2006), la soprano ha ocupado un lugar muy especial en mi catálogo. Con Invocaciones, gracias a la extraordinaria voz de Perla Orrantia, encontré nuevas posibilidades expresivas que deseaba continuar explorando.
Pensé entonces en una obra para soprano, cuarteto de cuerdas y electrónica. He escrito siete cuartetos y siempre me ha fascinado esa arquitectura sonora de cuatro instrumentos capaces de dialogar, contradecirse y construir universos musicales de una riqueza inagotable.
A esta formación decidí incorporar una tecnología que ha transformado parte de mi pensamiento compositivo: la inteligencia artificial cocreativa.
Conviene aclarar que no me refiero a esas plataformas que generan canciones o arreglos completos mediante unas cuantas instrucciones. Hablo de Somax, un sistema desarrollado en el IRCAM de París, con el que comencé a experimentar en 2025, después del estreno de Invocaciones. Esta tecnología escucha, analiza materiales musicales, responde e improvisa en tiempo real. No sustituye al compositor ni posee una conciencia artística propia. Se convierte, más bien, en un interlocutor musical capaz de proponer acontecimientos inesperados dentro de un universo sonoro concebido por el creador.
El Alquimista y los Arcanos nació desde su concepción con esta premisa.
El proyecto original contempla siete arcanos para soprano, cuarteto de cuerdas y medios electrónicos. Sin embargo, las limitaciones presupuestales de este estreno no permitieron contar con el cuarteto. Decidí entonces realizar tres transmutaciones electroacústicas, utilizando instrumentos virtuales, electrónica e inteligencia artificial cocreativa.
Y ocurrió algo curioso: la alquimia terminó alcanzando también a la partitura.
No se trató simplemente de sustituir instrumentos acústicos por digitales. Fue necesario repensar las texturas, las relaciones entre las voces y la propia naturaleza del discurso musical. La obra experimentó, literalmente, su propia transformación.
Hay además otro elemento fundamental: la poesía. Yo mismo escribí los textos que canta la soprano, utilizando el haiku, esa breve forma poética japonesa que siempre me ha fascinado por su capacidad para contener un universo en apenas unas cuantas palabras. Elegí escribirlos en francés, una lengua cuyo ritmo, musicalidad y delicadeza encuentro particularmente atractivos para la voz cantada.
No busqué describir las cartas ni explicar sus significados. Preferí sugerir atmósferas, emociones, pequeñas revelaciones. La poesía no explica la música, del mismo modo que la música no pretende ilustrar literalmente la pintura. Ambas se encuentran en ese territorio donde las palabras comienzan a perder sus límites.
Para este estreno utilizaré proyecciones del tarot Visconti-Sforza, ya que las condiciones relativas a los derechos de reproducción no permitieron emplear las imágenes originales de Leonora Carrington. Esto no altera el sentido de la composición: los arquetipos permanecen, aunque cambien sus representaciones. El Mago sigue siendo el Mago, ya sea contemplado desde el Renacimiento italiano, desde el surrealismo de Carrington o desde nuestra propia imaginación.
Eso es, precisamente, lo que me interesa del arte: su capacidad para transformar una misma idea en experiencias completamente distintas.
Este viernes 16 de octubre, a las seis de la tarde, presentaré el estreno absoluto de estas tres transmutaciones electroacústicas en el Teatro Pablo de Villavicencio, dentro del Festival Cultural Sinaloa 2026. El concierto lleva por título Arcana Eléctrica: un viaje entre el símbolo, el sonido y la imagen, y compartiré nuevamente el escenario con la espléndida soprano Perla Orrantia. El programa incluirá también Invocaciones y el estreno de Neurosonics para piano y electrónicos en tiempo real.
Quiero mucho esta nueva obra. No solamente por lo que representa dentro de mi trayectoria como compositor, sino por todo aquello que la hizo posible: una antigua fascinación, el descubrimiento de una tradición simbólica extraordinaria, una amistad nacida entre surrealistas en Xilitla, las pinturas de una mujer excepcional y la posibilidad de explorar nuevas maneras de crear música.
Me gustaría que el público se acercara a ella sin prejuicios. No hace falta conocer el tarot, comprender los procedimientos electroacústicos ni saber cómo funciona un sistema de inteligencia artificial. Basta con escuchar, contemplar y permitir que la imaginación haga su trabajo.
Después de todo, la música tampoco nos predice el futuro. Pero en ocasiones consigue revelarnos algo de nosotros mismos que desconocíamos.
Y eso, para mí, ya es una forma de alquimia.
Los espero este viernes 16 de octubre, a las 18:00 horas, en el Teatro Pablo de Villavicencio, Culiacán. La entrada es libre, en el marco del Festival Cultural Sinaloa 2026.

