Bach: la música antes que los instrumentos
1 de noviembre de 2026 · Aldo de cultura
Encontré un video verdaderamente fascinante: una invención de Johann Sebastian Bach interpretada por charango y violonchelo. Dos instrumentos de mundos distintos, con historias, timbres y tradiciones diferentes, que parecen entenderse perfectamente a través de una música escrita hace tres siglos.
Y vuelvo a una convicción que me ha acompañado durante buena parte de mi vida como compositor e investigador: Bach no componía solamente para los instrumentos. Componía, ante todo, estructuras musicales.
Su pensamiento parecía existir antes de adquirir una forma instrumental concreta. La música estaba en las relaciones entre las voces, en sus proporciones, en el contrapunto, en esa extraordinaria arquitectura sonora que permanece intacta aunque cambien los instrumentos que la hacen audible.
No es casualidad que sus obras puedan escucharse en un órgano, un cuarteto de cuerdas, una guitarra, un sintetizador o, como en este caso, un charango y un violonchelo. Cada interpretación descubre colores diferentes, pero la esencia de su pensamiento permanece.
Mstislav Rostropovich, uno de los más grandes violonchelistas del siglo XX, comprendió profundamente esa universalidad de Bach. Sus interpretaciones nos recuerdan que la grandeza de esta música no depende únicamente del instrumento, sino de aquello que existe detrás de las notas.
Esta idea fue precisamente una de las semillas que dieron origen a mi novela La Séptima Voz.
En sus páginas, Gabriel Rivas, el musicólogo protagonista, se enfrenta a una pregunta que también me he formulado durante décadas: ¿qué sucede cuando una composición musical puede existir independientemente del instrumento que la interpreta? ¿Y si Bach hubiera concebido estructuras capaces de trascender no solamente los timbres, sino también las épocas, los lenguajes y nuestra propia manera de comprender la realidad?
Basta recordar La ofrenda musical, donde buena parte de la escritura contrapuntística no prescribe una instrumentación definitiva. Lo esencial está en la estructura. Los instrumentos son una de las maneras posibles de revelarla.
Escuchar esta invención interpretada por charango y violonchelo me devuelve al origen de aquella inquietud.
Quizá la verdadera genialidad de Bach no consista solamente en haber escrito música extraordinaria, sino en haber concebido un pensamiento musical capaz de sobrevivir a los instrumentos, a las modas y a los siglos.
Porque los instrumentos cambian, las épocas pasan, pero las estructuras permanecen.
Y acaso, como sucede en La Séptima Voz, el verdadero misterio no esté en las notas que escuchamos, sino en aquello que todavía no hemos aprendido a escuchar.
